¿Qué es vivir con endometriosis?

Qué podrás leer en este blog: • ¿Qué es el endometrio? • ¿Qué es la endometriosis? • Síntomas de la endometriosis. • Diagnóstico y tratamiento de la endometriosis. • Mi vida con endometriosis. Historia de la vida real.

Situación que puede sucederle a cualquier mujer, así que si eres mujer quédate para que revisemos de que trata y cómo podemos combatirlo.

En Panamá, según cifras del Ministerio de Salud, la tasa de endometriosis es de 8.2 por cada 10.000 mujeres en edad reproductiva.

Qué podrás leer en este blog:

  • ¿Qué es el endometrio?
  • ¿Qué es la endometriosis?
  • Síntomas de la endometriosis.
  • Diagnóstico y tratamiento de la endometriosis.
  • Mi vida con endometriosis. Historia de la vida real.

Primero lo primero- Saber de qué estamos hablando

¿Qué es el endometrio?

El endometrio es el recubrimiento interno del útero y el sitio donde se va a implantar el cigoto (futuro bebé) en caso de haber fecundación. Cada ciclo, el endometrio crece y se prepara para la posible implantación gracias a los estrógenos (Hormonas).

En el caso de no haber fecundación, las hormonas caen y el endometrio se desprende produciendo lo que todas conocemos como MENSTRUACIÓN.

 

Segundo. Entender la enfermedad – Recuerda que el conocimiento es poder.

¿Qué es la endometriosis?

La endometriosis es una enfermedad que afecta entre un 10-15% de la población femenina en edad fértil. Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica, puede llegar a ser muy incapacitante y produce problemas de infertilidad y dolor.

La endometriosis es un trastorno a menudo doloroso en el cual el tejido similar al tejido que normalmente recubre el interior del útero (se acuerdan del endometrio) crece fuera del útero. La endometriosis afecta más comúnmente a los ovarios, las trompas de Falopio y el tejido que recubre la pelvis. Es poco frecuente que el tejido similar al endometrio se encuentre más allá de la zona donde están los órganos pélvicos.

Con la endometriosis, el tejido similar al endometrio actúa como lo haría el tejido endometrial: se engrosa, se descompone y sangra con cada ciclo menstrual. Pero debido a que este tejido no tiene forma de salir del cuerpo, queda atrapado. Cuando la endometriosis afecta a los ovarios, se pueden formar quistes llamados endometriomas. El tejido circundante puede irritarse y eventualmente desarrollar tejido cicatricial y adherencias, es decir, bandas de tejido fibroso que pueden hacer que los tejidos y órganos pélvicos se peguen entre sí.

La endometriosis puede causar dolor, a veces grave, especialmente durante los períodos menstruales. También se pueden presentar problemas de fertilidad. Pero tranquilas chicas hay tratamientos eficaces disponibles para combatirla.

Tercero – Ya sabemos que tenemos. ¡Ahora a combatirlo Guerrera!

Diagnóstico y Tratamiento de la endometriosis.

Para diagnosticar la endometriosis y otras afecciones que pueden causar dolor pélvico, el médico te pedirá que describas tus síntomas, incluida la ubicación del dolor y cuándo se presenta.

Algunos de los exámenes para verificar si hay indicios físicos de endometriosis son los siguientes:

  • Examen pélvico. Durante un examen pélvico, el médico palpa las áreas de la pelvis en busca de anormalidades, como quistes en los órganos reproductores o cicatrices detrás del útero. A menudo no es posible palpar pequeñas áreas de endometriosis, a menos que hayan causado la formación de un quiste.

Ecografía. Este examen usa ondas sonoras de alta frecuencia para crear imágenes del interior del cuerpo. Para capturar las imágenes, se presiona un dispositivo llamado transductor contra el abdomen o se lo inserta en la vagina (ecografía transvaginal). Se pueden realizar ambos tipos de ultrasonido para obtener la mejor visión de los órganos reproductores. Una prueba por imágenes mediante ecografía estándar no le indicará definitivamente al médico si tienes endometriosis, pero puede identificar quistes asociados con la endometriosis (endometriomas).

Imágenes por resonancia magnética (IRM). Una resonancia magnética es un examen que usa un campo magnético y ondas de radio para crear imágenes detalladas de los órganos y tejidos dentro del cuerpo. En algunos casos, una resonancia magnética ayuda a la planificación quirúrgica, ya que proporciona información detallada al cirujano sobre la ubicación y el tamaño de los implantes endometriales.

  • Laparoscopia. En algunos casos, es posible que el médico te remita a un cirujano para que te haga un procedimiento que le permita ver el interior del abdomen (laparoscopia). Mientras estás bajo anestesia general, el cirujano hace una pequeña incisión cerca del ombligo, inserta un instrumento de visualización delgado (laparoscopio) y busca signos de tejido endometrial fuera del útero.

Una laparoscopia puede proporcionar información sobre la ubicación, la extensión y el tamaño de los implantes endometriales. Quizás el cirujano tome una muestra de tejido (biopsia) para hacer más pruebas. A menudo, con una buena planificación de la cirugía, el cirujano puede tratar completamente la endometriosis durante la laparoscopia, de manera que solo necesitarás una cirugía.

Si sé que es mucho, pero tranquila. Pero la buena noticia es que actualmente tenemos muchos recursos para mejorar la calidad de vida de las mujeres con endometriosis:

  • Nutrición adaptada y alimentación antiinflamatoria.
  • Osteopatía y fisioterapia de suelo pélvico para tratar las adherencias formadas por los endometriomas y mejorar la movilidad.
  • Acupuntura y medicina china para el dolor y el equilibrio natural del cuerpo.
  • Psicoterapia para aprender a gestionar la enfermedad y vivir con ella.

Cuarto – Una historia contada por una mujer igual que tú y que yo…

Mi Endo y Yo. Historia de una mujer y su lucha contra la Endometriosis

Este es el relato real de una mujer de 42 años que ha luchado contra la endometriosis desde la pubertad. Al principio fue una lucha contra un enemigo desconocido, nadie conseguía diagnosticar el problema que le causaba esos terribles dolores durante la menstruación. Hasta que por fin consiguió un diagnóstico definitivo. Esto no consiguió resolver los dolores de manera definitiva, pero sí consiguió tratar el dolor que causaba creerse loca.

Vale, de acuerdo, lo hago, me da mucha vergüenza, pero lo hago. Me da mucha vergüenza primero por compartir algo que sin duda es muy íntimo, pero también me da mucha vergüenza porque tengo la sensación de estar quejándome, y de toda la vida nos han dicho que quejarse es de débiles, que la queja no es buena y, además, molesta.

Tuve mi primera regla a los 10 años y no recuerdo ningún malestar más allá de la logística que conlleva. Pero a los 14 años mi madre me envió al ginecólogo, primero porque es lo que toca, y segundo porque me dolía mucho.

Me recetaron las píldoras anticonceptivas, sí, con 14 añitos y me mandaron para casa, que con eso se me regularía y me dejaría de doler, para cualquier otra cosa, una pastilla para el dolor y ya. JA!

A mi madre no le parecía ni medio normal que me doliese tanto, así que empezamos a visitar a varios ginecólogos.

Me encontraron un quiste, y la ginecóloga me dijo que se trataba de un quiste funcional, y que, por lo tanto, se diluiría él solito con el tiempo. Pero no lo hizo. En lugar de eso lo que hizo fue multiplicarse, pasamos del tratamiento pasivo al ofensivo. Esta ginecóloga estaba convencida de que mis quistes (una vez descartado su primer diagnóstico) eran hormonales y se debían al hecho de tener la regla y que por lo tanto lo mejor para hacerles desaparecer era que mi regla desapareciese también.

Bien visto, parte de razón tenía la mujer, pero…

Con menos de 20 años estuve durante unos 10 meses con una menopausia inducida químicamente. Es decir, que estuve casi un año tomando pastillas con muchos, MUCHOS efectos secundarios para que se me retirase la regla. Porque una menopausia a los 19 era la mejor solución… y bueno, la regla se fue durante esos meses, lástima que el dolor no. Los quistes tampoco.

Mi ginecóloga estaba un poco atónita y pensó que lo mejor era alargar el tratamiento, mi madre y yo pensamos que lo mejor era cambiar de ginecóloga.

Visitamos varios, cada uno con su diagnóstico personal e intransferible, todos con el denominador común, esos sí, de que según ellos el problema eran sólo los quistes, lo de los dolores era sólo porque yo soy una floja, porque que te duela la regla, es lo normal… Ni recuerdo la de ginecólogos que visité para nada, pero cuando ya uno llegó a decirnos que era posible que el más grande de mis quistes fuera en realidad un embarazo extrauterino yo me rendí. Les mandé a la porra a todos (menos a mi madre, claro) y decidí no volver a un ginecólogo, drogarme cuando el dolor venía fuerte e intentar aguantar y quejarme menos.

Lo dicho, yo me rendí. Mi madre no.

Mi madre siguió preguntando por aquí y por allá, hasta que una compañera de su cole le habló de un ginecólogo que pasaba consulta en Madrid y que según las habladurías era de lo mejor en su campo. Mi madre me pidió cita con el doctor Andrés Sacristán en la clínica Quirón de Madrid.

Fui sin muchas expectativas (ninguna, la verdad) pero mi madre estaba empeñada. No sé cómo debía estar yo en la sala de espera o si quizá comenté algo con mi madre en voz alta, pero recuerdo perfectamente que se me acercó una chica para contarme que ella venía desde Córdoba (o Granada, alguna capital del sur) sólo para ver a este médico porque era el mejor. ¡Y eso me animó, claro!

Entré, yo le conté mi historia, él me hizo una ecografía y me dio un diagnóstico claro y una fecha para la operación.

Creo que no le pregunté NADA, creo que no me enteré de NADA de lo que me estuvo explicando, sólo recuerdo mirarle y pensar ¡Por fin!, ¡Alguien sabe qué me pasa! ¡Le hubiese abrazado! Creo que mi madre también…

En menos de dos semanas me habían operado por laparoscopia, me habían quitado todos los quistes y me habían dejado reluciente.

¡Yo, más feliz que una lombriz! No por no tener ya los quistes o porque la operación hubiese ido bien, no. Feliz por saber que no, que mis dolores no eran lo normal, que no es que yo sea una floja ni una histérica ni una loca, estaba feliz porque ahora sabía que, simplemente, padezco endometriosis.

Desde entonces la cosa no es que haya mejorado mucho físicamente, vaya, a día de hoy vuelvo a tener quistes y sí, esto sigue doliendo, aunque saber que duele por una razón es un gran alivio.

Pero los daños colaterales de la Endometriosis no son únicamente los que la enfermedad provoca en nuestro cuerpo. Hay otros daños… los que la Endometriosis y sus síntomas nos provocan en nuestra autoestima, en nuestra confianza y en nuestro ánimo.

Y este es, para mí, de los peores efectos secundarios de la Endiometrosis  Porque al final da igual, da igual cuánto duela porque si puedes ponerte de pie, no dejarás de cumplir con tus obligaciones. Porque tienes miedo a que piensen de ti que eres “floja” y “débil” (repito, esto bastante lo has hecho tú solita ya) y también, porque no quieres permitir que el dolor te pueda. Así que sacas fuerzas de flaqueza, te levantas, te preparas y vas a trabajar

Bueno, vas a tu puesto de trabajo y vas haciendo lo que puedes, te muerdes la lengua y sigues adelante. Tus compañeros (sobre todo los masculinos) no entienden por qué no sonríes como habitualmente lo haces, ni por qué montas tanto drama. Cómo explicarles que el centro de tu cuerpo se está auto-fagocitando en vivo y en cámara lenta mientras las piernas te duelen tanto que serías capaz de arrancártelas si pudieras al tiempo que calambres recorren tus riñones y te dejan doblada y sin respiración.

Pero respiras, intentas no llorar, que el dolor no gane, y piensas, y te repites que esto, como todo, también pasará.

He querido compartir mi historia, que es una historia muy pequeña, pero sobre todo porque al recibir el diagnóstico (y no haber prestado ninguna atención a lo que me explicaba el médico) lo primero que hice en cuanto pude fue meterme en internet y googlear “endometriosis”, leí, me cagué de miedo y dejé de leer. Hay Historias muy fuertes por ahí, que ponen los pelos de punta. Decidí vivir con ello y seguir adelante. Pero es una vida muy solitaria ésta en la que, por vergüenza a contar estas cosas tan íntimas y por pudor y respeto ante esas otras mujeres que sufren sus Historias, no hablas de lo que te pasa, de los síntomas que tú ya tomas como normales pero que no lo son.

Hasta que con esto de las redes sociales empiezas a leer Historias e historias como la tuya, empiezas a darte cuenta de que esto les pasa a muchas mujeres, quizá hasta a alguna de tus amigas. Y te das cuenta de que vas aprendiendo y vas cogiendo confianza en ti misma y en la comprensión del mundo que te rodea, y vas dejando de sentirte floja, y débil, porque dejas de sentirte sola.

El dolor continuará, es muy posible que tengas mil problemas para concebir o que directamente no puedas tener hijos y seguramente eso también te hará sentir mal, Es posible que tengas que someterte a más de una intervención quirúrgica, y ojalá no tengas la mala suerte de que se crezcan adiposidades o a los quistes les dé por hacer turismo por tu cuerpo. Pero no estás sola, y la empatía es contagiosa.

Autor. Nicole Batista

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